sábado, 22 de diciembre de 2018

Como perros en la lluvia

Sí, seguimos vivos, sobreviviendo a lo sobrevenido, descascarillando la coraza de los relojes para terminar corriendo delante de algo gris. Siempre huyendo hacia adelante, siempre regresando despacio, cada vez con las patas más rotas.

Seguimos soñando con un plato de comida caliente, con el otro lado de los cristales y caricias detrás de las orejas. He aprendido a odiar los semáforos y a no asustarme de los petardos, a guiar ciegos en la noche, a dormirme antes de hundirme entre cartones.

Aún continúo deslizando azúcar desde los bolsillos para que las hormigas alimenten el horno con cortezas secas, donde un día cruzamos corazones a navajazos. Sabemos que la llama se apagará, tarde o temprano, porque el tiempo no suele tener más prisa que nuestras arrugas. Pero mientras tanto me encontrará aquí, haciendo guardia, hasta que de todo esto sólo queden unas pezuñas en el barro.

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