La vela chisporrotea ripios en naranja, reclamando un protagonismo infantil al blanco de la pantalla. Suspiro cabizbajo, y las maletas a medio hacer me miran de reojo, conspirando algo sobre viajes en tren y sonrisas hechas de nubes. En el colmo del hedonismo, hoy nos hemos dado el gusto de perder el tiempo juntos.
Los tres faltaréis mañana en el vagón; el placer, los relojes y sobre todo, tú.
Siempre elijo ventanilla, por terror a que la gravedad de tu asiento vacío me absorba y aniquile.
San Valentín se deslizó con una educación exquisita, esta vez no tendrás queja. Esta noche volveré a prender la lumbre si logro desenterrar fuego bajo las costillas, aunque lo apagues todo de un soplido en cuanto logre descubrirte, y vuelvas a dejarnos a oscuras. Siempre he dudado de si este juego realmente te gusta o sólo haces lo imposible por encontrar razones para no echarte a llorar cada mañana.
Cada día nos queda una menos.
Llegará el momento donde me contarás el secreto de conservarme adolescente, pero yo olvidaré la fórmula al instante.
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