Las ves pasar como quien cuenta las ciudades desde el vagón de cola. Cierro los ojos. Repiqueteo de traviesas formando con educación. Hace mucho que los asientos no huelen a polvorín y tabaco. Afuera el mundo es gris, y este cascarón se mece entre olas de radio que perdimos en los 90, soñando con coches que volaban y qué parte del mundo nos íbamos a comer primero. Pero eso fue antes de que se cayesen todas la caretas y se callasen todas las caras.
El tren ya no avanza besando el salitre como hace años. Malas noticias para náufragos y suicidas. Se terminó la era de los soñadores despiertos, así que mejor apaga la luz, que no quiero volver a vernos convertidos en adultos.
Contienen la lluvia como un estornudo que no llega, y tú deseas, y tú necesitas, un estadillo de lagrimones que acribillen el cristal de emergencia, para hacerte nada con todo, con las goteras escoltando los labios, el vidrio cristalizando en el corazón y una urgencia por mirada:
- Save me, railroad cowgirl.
No hay comentarios:
Publicar un comentario